jueves, 28 de julio de 2011

Tomando café

Hoy, como todas las tardes, me estaba tomando una taza de café y por alguna extraña razón tomo conciencia de lo que, casi, se ha convertido en un movimiento reflejo.

Sin saber por qué me viene a la memoria la primera taza de café que, una mañana, recién cumplidos los catorce años, me puso mi padre encima de la mesa, diciendo que ya era lo suficientemente mayor para poder tomarlo y que me vendría bien para estar más atento en clase. Aun recuerdo esos primeros cafés en el office de la casa de mis padres que yo tomaba como si fueran una pócima mágica.

A partir de ese día, casi todos los momentos importantes de mi vida han terminado transcurriendo alrededor de una taza de café. Algo normal, por otro lado, teniendo en cuenta que es una cosa que hago no menos de tres veces al día. Me acuerdo así de aquellos cafés en la Facultad de Derecho, absorto en los ojos de aquella compañera; de aquél café con tufo revolucionario en la cafetería de la antigua Facultad de Ciencias Políticas, rodeado por los rostros serigrafiados de Pablo Iglesias, Marx y Rosa de Luxemburgo; de los cafés de sabor bohemio en “La Calesera”, el “Viva Madrid” y el “Café Central” donde aquel grupo de amigos que se autodenominaba “la Tertulia” mezclaba el aroma y el gusto del café con el sonido de nuestros versos y nuestras inquietudes, ¿Dónde quedó aquello de “mejor quemarse que pudrirse”?; el café amargo y lleno de posos de los bares que rodeaban la biblioteca donde pasé años estudiando las oposiciones; el excelente café que compartiamos mientras escuchábamos música clásica en "Sachetti", aquel local cercano al Teatro de la Opera; aquéllos que tomaba justo antes de entrar en juicio, como si de un ritual guerrero anterior a la batalla se tratase; los cafés con bollo de los fines de semana con mi entonces esposa, siempre con música barroca de fondo -el rock’roll quedaba para la cerveza-; los cafés nostálgicos en el “Derby”, quizás en la misma mesa donde mi padre los había tomado años atrás, cuando estudiaba en la Universidad de Santiago; los cafés en soledad…pensando, recordando, a veces, sufriendo. Son tantos instantes, tantos cafés, que podrían servir de hilo conductor para contar mi vida y, como no, también la de aquellas personas con las qué los compartía. Me malicio ahora recordando esos otros cafés de sabor prohibido y que no pueden contarse, que tal vez fueran los mejores, tal vez no.

A mi padre le gustaba el sabor fuerte y tenía la costumbre de mezclar tres partes de café en grano natural y una parte de torrefacto, antes de molerlo todo junto. Así lo hice yo hasta que, alguien bello y sabio, me hizo ver que nada como un buen café natural para apreciar sus matices. Así, ahora, mis momentos de café natural, solo o con leche, vienen acompañados de las tostadas fritas con mantequilla que les gustan a mis hijos y de la sonrisa limpia que hoy ilumina mis mañanas.

Foto de mi compañero Emilio Bárcena
Hace unos días también estuve tomando otro café para el recuerdo. Entonces aún no lo sabía aunque lo presentía, pero era una café de despedida, el adiós a un proyecto, a unos compañeros, en cierto modo, a una ilusión. Como tantos otros momentos vividos, acompañado por el sabor agridulce de un buen café con leche.

lunes, 11 de julio de 2011

Principales reformas incluidas en el proyecto de Ley sobre actualización, adecuación y modernización del Sistema de Seguridad Social


Artículo previamente publicado en el blog ¿Hay Derecho?

Si algo caracteriza al actual sistema de seguridad social español es su flexibilidad. Lo cierto es que, si bien los fundamentos del modelo se encuentran en las preconstitucionales leyes de 1964 y 1966 (que en algún aspecto incluso siguen vigentes), las sucesivas reformas se han ido superponiendo en una estructura normativa muy compleja pero, al mismo tiempo, relativamente fácil de adecuar a las cambiantes circunstancias de la coyuntura social o económica. De momento, tras las diversas reformas acaecidas tras los acuerdos derivados del Pacto de Toledo, en lo esencial se han ido acordado medidas paramétricas, salvo la creación del Fondo de Reserva de la Seguridad Social, que por su carácter pudiera ser calificada como una reforma estructural.

Así, a pesar del revuelo causado por el incremento previsto para la edad de jubilación, la reforma que en la actualidad se está tramitando en las Cortes está inspirada en una línea continuista y, en líneas generales responde a lo acordado por los agentes sociales en el último documento de recomendaciones de la Comisión de seguimiento de los Pactos de Toledo, marcandose los siguientes objetivos:

a) Adecuar la edad de jubilación a la nueva esperanza de vida de las personas.- Efectivamente, cuando las primeras Leyes de Seguridad Social establecieron la edad de jubilación en 65 años, la esperanza de vida de los españoles se encontraba en torno a los 70 años. No parece lógico que, cuando nuestra esperanza de vida sobrepasa los 80 años, deba mantenerse la misma edad para alcanzar el retiro de la actividad laboral. De momento, se ha optado por un incremento paulatino y gradual de la edad de a partir de la cual se puede percibir la pensión de jubilación exigiéndose la de 67 años a partir del año 2027. Se trata de una medida, en cierto modo, coherente con la filosofía que inspira el sistema, como mecanismo destinado a cubrir principalmente situaciones de necesidad.

b) Incrementar el periodo de tiempo computado a afectos de determinar la base reguladora de la pensión inicial de jubilación.- Así, se pretende modificar el sistema de cálculo de la pensión de jubilación, que pasa a ser de 25 años, si bien con una aplicación paulatina, en la forma recogida en el Acuerdo social y económico, hasta el año 2022, lo que neutraliza su impacto en quienes se encuentren próximos a la edad de jubilación.

El proyecto de Ley modifica el periodo de tiempo preciso para alcanzar el cien por cien de la base reguladora de la pensión, estableciendo los siguientes porcentajes de aplicación a la base reguladora: por los primeros quince años cotizados, el 50 por 100. Y a partir del año decimosexto, por cada mes adicional de cotización, comprendidos entre los meses 1 y 248, el 0,19 por 100 y los que rebasen el mes 248, el 0,18 por 100, sin que el porcentaje aplicable a la base reguladora supere el 100 por 100, salvo en los casos en que se acceda a la pensión con una edad superior a la que resulte de aplicación. Porque, en este último caso y siempre que al cumplir dicha edad se hubiera reunido el período mínimo de cotización de quince años, se reconocerá al interesado un porcentaje adicional consistente entre un 2 y un 4 por 100 por cada año completo transcurrido entre la fecha en que cumplió dicha edad y la del hecho causante de la pensión, en función del número de años cotizados que se acrediten. Los nuevos porcentajes señalados en el párrafo anterior, se aplicarán a partir del 1 de enero de 2027. Hasta dicha fecha, se establece el periodo transitorio y gradual.

c) Incrementar los requisitos para poder acceder a situaciones de jubilación anticipada o prejubilaciones. La ponderación entre las ventajas  que para la evolución de la economía y el fortalecimiento de las empresas y los riesgos que comporta a medio y largo plazo para la viabilidad del sistema de pensiones público hace que el procedimiento y los requisitos que han de cumplirse para la validez de los acuerdos sobre de prejubilaciones deban ser revisados. Así, en el proyecto de Ley, siguiendo los criterios recogidos en el Acuerdo social y económico, se establecen dos fórmulas adicionales de anticipación de la pensión de jubilación con coeficientes reductores de la cuantía: una, la que deriva del cese no voluntario del trabajador en su actividad y otra, la que deriva del cese voluntario. Para ambas modalidades se prevé que será necesario acreditar un periodo mínimo de cotización de treinta y tres años y, en ambos supuestos, la cuantía de la pensión se ve minorada con aplicación de los coeficientes reductores.

Tanto esta medida como la anterior, tenderán a tanto a dificultar el acceso a las pensiones contributivas como a disminuir su importe final.

d) Otras medidas de racionalización.- Se prevén otras medidas relacionadas con la jubilación parcial, la progresiva aproximación de los diferentes regímenes especiales de Seguridad Social tendiendo a agruparse en dos: un régimen general y uno de autónomos y otras disposiciones en materia de incapacidad, viudedad y extensión de la cobertura por accidentes de trabajo de menor trascendencia.

A lo anterior se unirán medidas discutibles como la entrega del patrimonio inmobiliario del INSALUD a las comunidades autónomas, o previsiones tendentes a reordenar la Administración de la Seguridad Social que habrá que ver de que manera mejoran o no la gestión.

lunes, 4 de julio de 2011

Una ocasión para reflexionar en torno a la reforma de nuestro sistema de Seguridad Social

Este fin de semana he tenido el placer de participar en las XII Jornadas de la Asociación Profesional del Cuerpo Superior de Letrados de la Administración de la Seguridad Social, que se celebraron con gran éxito de crítica y público en Bilbao con la asistencia, no solo de miembros de dicho Cuerpo, sino también, de miembros del Cuerpo Superior de Técnicos de la Administración de la Seguridad Social, de magistrados, abogados, funcionarios de la Comunidad Autónoma del País Vasco y de otros interesados en la materia. En ellas, además de compartir muy buenos ratos con mis antiguos compañeros, presenté una comunicación de la que, en breve, incluiré algunas partes como posts de este blog.

La idea central de las Jornadas era reflexionar acerca del Estado de Bienestar en tiempos de crisis y lo sorprendente fue comprobar que, prácticamente todos los ponentes y comunicantes, en algún momento de su intervención hacían referencia a que resulta necesario reformar aspectos de nuestro vigente régimen de seguridad social. Algo que, en principio, no resulta demasiado extraordinario.

Sin embargo, lo destacable fue que, del contenido de dichas ponencias, se desprendío la idea de que esta necesidad de reforma no ha de referirse tan sólo a los aspectos relacionados con la solvencia futura del sistema que, como expuso con brillantez el profesor Bilbao Ubillos, se ve amenazada por la evolución demográfica y la crisis económica presente.

También puede observarse dicha necesidad en numerosos elementos del sistema que, surgidos ante unas realidades sociales e históricas determinadas, han quedado obsoletos ante la evolución que las estructuras sociales, institucionales, familiares, económicas o laborales han sufrido en España durante los últimos cincuenta años. Figuras como el seguro escolar, las prestaciones de familiares, la viudedad, conceptos como el de “profesión habitual”, la “gran invalidez” y otras muchas cuestiones organizativas, competenciales y diversa naturaleza necesitan ser repensadas de nuevo para adecuar el sistema a los nuevos tiempos, no ya solo desde un punto de vista económico o actuarial, sino también, desde un punto de vista técnico y conceptual.

Ha sido una magnifica ocasión para reflexionar sobre estas cuestiones al hilo de lo que se ha expuesto y debatido. Está previsto que el resultado de estas Jornadas sea publicado en un libro editado conjuntamente por el Gobierno vasco y la editorial Aranzadi, cuya lectura será imprescindible para entender adecuadamente hacia donde debe ir la Seguridad Social española en un futuro.