miércoles, 27 de junio de 2012

Crónica del desayuno "De sanidad: ideas+dialogo" con la Ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad

El pasado lunes tuve ocasión de asistir al desayuno de trabajo convocado por Europa Press al que como principal invitada asistió la Ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, Ana Mato, para trasladarnos cuales han sido las principales preocupaciones de su gestión hasta ahora y las que van a ser las líneas maestras de su actuación en los próximos meses.

En cuanto a las formas la valoración ha de ser positiva. Así, después de alguna desafortunada rueda de prensa que las redes sociales se encargaron de amplificar, la Ministra en esta ocasión estuvo más segura y demostró que había preparado concienzudamente su intervención. También llegó muy arropada por otros miembros del Gobierno, diversas autoridades y fue el propio Presidente del Consejo de Estado, Don José Manuel Romay Beccaría quien la presentó con una cariñosa laudatio .

Ana Mato durante su intervención
En cuanto al contenido, su intervención inicial, que leyó integramente, no reportó sorpresas. Explicó someramente la reforma que habían aprobado por medio del Real Decreto-Ley 16/2012, de 20 de abril, expuso su opinión de que debía pasarse del concepto de Estado de bienestar hacia el del la “sociedad del bienestar”, aunque sin especificar bien los límites entre un concepto y otro; como era inevitable echó la culpa de los actuales males a los ocho años anteriores y anunció la presentación de diversos "planes de actuación": un plan de atención a las familias del que apenas concretó nada (aprobar un “Estatuto de mayores”, favorecer la corresponsabilidad en el hogar, etc), uno para promover el empleo de jóvenes y otro contra la pobreza infantil. También anunció su intención de extender los beneficios fiscales del mecenazgo también al ámbito social, así como con su preocupación por continuar con la lucha contra la violencia de género pero también sin especificar. Todo ello intentando hacerlo desde el consenso y a través de un aumento de la interlocución con los agentes sociales (Asociaciones de pacientes, empresas, etc). 

Cómo suele suceder en estos desayunos, lo más interesante vino en el turno de preguntas.

Confirmó que no se va ampliar el periodo transitorio para la ampliación del co-pago farmacéutico, que será efectivo el 1 de julio. En este sentido, aunque ella manifestó reiteradamente su confianza en que todas las Comunidades Autónomas seguirán el criterio marcado por el Estado, a día de hoy ya nos hemos enterado de que el País Vasco no ha tardado en desmentirla al afirmar su Presidente que va a desmarcarse de esta política y no va a ampliar las exigencias del co-pago, asumiendo con sus propios recursos la financiación correspondiente. Un elemento más que profundiza las diferencias entre los españoles en función del territorio y que da nuevos argumentos a quienes ven el actual modelo territorial del estado como una de las principales rémoras para salir de la crisis.

También anunció la Ministra qué se van a sacar del vademécum medicinas que estén obsoletas o que tengan escaso valor terapéutico. En ese sentido, en la reunión del consejo Interterritorial del SNS que se celebra hoy, se va a proponer la retirada de la financiación pública de unos 460 medicamentos. Contestando a una de las preguntas, la Ministra hizo de manera tangencial una referencia a que pueden existir remedios naturales a los que acudir de manera alternativa para suplir estos fármacos. Efectivamente, en muchos de estos supuestos, pueden existir productos de homeopáticos con efectos similares a estos fármacos de escaso valor terapéutico que nunca han estado financiados por el sistema y que, a partir de ahora, van a poder competir en igualdad de condiciones con los productos tradicionales.

Afirmó también que se está negociando con las empresas cambios en la presentación de los productos de manera que se adecuen mejor a los tratamientos recomendados, para evitar que se venda un número de dosis superior al que debe ser utilizado por el paciente. Van a trabajar para bajar nuestro gasto farmacéutico y acercarlo a la media de la UE. Tienen el objetivo de seguir priorizando la dispensación de genéricos hasta que se alcance el 60% de media que existe en Europa.

Señaló, a instancias de otra pregunta, que en materia sanitaria descartan introducir nuevos copagos y que, en su opinión, las nuevas estimaciones prevén que el ahorro por las medidas que están introduciendo pueda ser unos 500 millones de euros superior a lo que se había estimado en un principio, alcanzando los 8.000 millones de euros. Así, como ejemplo, refirió que la tarjeta sanitaria única va a evitar que se reiteren pruebas diagnósticas en determinados casos y la actualización de los datos de los asegurados ha sacado a la luz que unas 200.000 personas con derecho a asistencia sanitaria propia permanecían como beneficiario de jubilados pare beneficiarse indebidamente de descuentos en la prestación farmacéutica. Esta actualización de datos, al parecer, no se hacía desde hace 11 años.

Por último, anunció que se va reformar la Ley de dependencia (en un par de semanas se aprobará el proyecto de reforma) para hacerla sostenible. Se van a eliminar duplicidades en las prestaciones y se van a adecuar éstas a la financiación disponible (es decir, que van a recortarlas).

En definitiva, una jornada interesante, en la que si bien no han existido anuncios de gran relevancia, si se ha podido constatar por donde van las líneas de actuación del Ministerio y cual es el respaldo político interno del que goza la Ministra de cara a la negociación con el resto de las comunidades autónomas

sábado, 16 de junio de 2012

El nudo gordiano de Europa


 (Versión corregida del artículo publicado en el blog ¿Hay Derecho?)

En estos días en los que tanto preocupan los efectos que para el futuro de la Unión europea puedan tener las elecciones en Grecia y la actitud del nuevo Gobierno que pueda surgir de ellas, resulta oportuno recordar uno de esos mitos helenos sobre los que descansa nuestra cultura.  

"Alejandro Magno cortando el nudo gordiano"
por Jean-Simon Berthélemy
(1743-1811)
Según una conocida tradición tardíamente recogida por diversos cronistas romanos como Quinto Curcio o Plutarco, cuando Alejandro Magno se encontraba conquistando Asia Menor, entró en Gordión, antigua capital de Frigia, donde se guardaba un legendario carro que, según la leyenda, había transportado a Gordio, un campesino que allá por el siglo VIII antes de Cristo llegó a reinar la ciudad por cumplimiento de un oráculo según el cual el primero en entrar con su carro en el templo de Júpiter sería nombrado rey. Era, además, tradición que aquel que consiguiera desatar el inmenso nudo que amarraba el yugo al carro llegaría a ser el dueño de Asia. Alejandro, siempre en busca de su destino, aceptó el reto, pero al ser incapaz de desentrañar aquella maraña, decidió propinarle diversos cortes con su espada, pues, según él, lo importante era deshacer el nudo, y no el medio que se emplease para tal fin.


Aunque esta leyenda admite diversas lecturas -algunas tan hermosas como la pieza musical de Henry Purcell que enlazamos aquí-, podríamos decir que el nudo gordiano resulta ser una metáfora perfecta para la situación en que ahora nos encontramos, no solo en España sino también en Europa. Un lio fenomenal que nadie consigue desenmarañar y si alguien lo consiguiera podría terminar siendo el “dueño de Europa”. 
  

  
En este complejo nudo se entremezclan a modo de cabos entrecruzados muchos aspectos de esta realidad poliédrica y contradictoria. Por un lado, libertades  públicas, derechos consolidados y generalización de unos niveles mínimos de bienestar para la mayor parte de la población en cuanto a su educación, sanidad y seguridad social fruto de un largo periodo de paz, relativa estabilidad social y de creación de riqueza; pero por otra parte, prácticas y conductas perversas e ineficaces tanto en lo político como en lo económico; postergación de los valores tradicionales del trabajo, el mérito y el esfuerzo, por otros basados en el relativismo postmoderno y “el todo vale”; consolidación de prácticas corruptas o clientelares de sesgo localista que en su mayoría quedan impunes; el predominio cada vez más intenso de intereses particulares contrapuestos con el interés general y, desde hace un par de décadas, un imparable proceso de transferencia de rentas de las clases medias europeas hacia unas oligarquías cada vez más poderosas que solo la acción de redistribución articulada desde los Estados consigue paliar parcialmente, evitando que nuestra sociedad termine siendo tan desigual como la existente en los países emergentes. Todo ello, trufado, como no, por intereses transnacionales, nacionales y localistas, muchas veces contrapuestos entre si y que deben entenderse en el complejo marco de las relaciones y alianzas del mundo actual.

Estos nudos están profundamente entrelazados entre si. En muchos casos, las prácticas clientelares se encuentran entremezcladas con determinadas políticas sociales de los Estados europeos incluso de manera institucional; el nepotismo y la corrupción en la provisión de empleos públicos salpica y encuentra su apoyo en amplios sectores de la población que se integra en ella a través de las diversas redes por las que se materializa el reparto del poder (partidos de un signo o de otro, sindicatos, asociaciones empresariales, corporativismo funcionarial o profesional, etc) cumpliendo el aserto de que “la corrupción genera empleo”; el reparto de las subvenciones y la adjudicación orientada de la contratación pública soslayando los principios comunitarios de publicidad, libre concurrencia y proscripción de las ayudas de Estado encuentra su coartada en las finalidades perseguidas por las primeras, en la buena acogida entre la población que tienen la puesta en servicio de nuevas infraestructuras y las falacias proteccionistas; los exigentes marcos regulatorios si bien garantizan una creciente calidad de los productos y servicios, al mismo tiempo tienden a excluir de los grandes negocios a los pequeños actores consolidando a los grandes grupos empresariales, etc…

Los ejemplos de interactuación entre los factores positivos del sistema con sus vicios y defectos son innumerables y a todos se nos viene enseguida alguno a la cabeza. Toda la sociedad en mayor o menor medida es responsable de la situación presente.

Hasta ahora, la solidez del sistema construido en Europa a mediados del siglo XX, ha impedido que el edificio se haya desmoronado, pero cada vez falta menos para que la estructura colapse de repente, como ya ocurrió con la Unión soviética.

Ayer Grecia, Portugal e Irlanda, hoy España e Italia, mañana Bélgica y Francia…, parece que la prima de riesgo no nos deja ver el bosque ¿Estaremos aún a tiempo de deshacer este follón sin tener que recurrir a la drástica solución de cortarlo con la espada como hizo Alejandro? Puede que si, pero para ello no basta con intentar encontrar la punta de las cuerdas para ir tirando del hilo y deben buscarse soluciones que vayan más allá que la actual de aplicar aprisa y corriendo cuidados paliativos sobre los síntomas en cada uno de los países, a veces soslayando elementales principios éticos.

Una buena parte del problema de esta Europa con 27 cabezas está, precisamente, en la dispersión de los centros de decisión y de la mencionada contraposición entre intereses localistas, regionales o incluso nacionales a corto plazo y sin tener en cuenta los efectos estratégicos que las decisiones que se van a tomar ahora pueden tener en el futuro. Del mismo modo que en España el descontrol autonómico ha terminado por ser catastrófico, en Europa, la parálisis en la construcción europea tras el fracaso de su proyecto de Constitución motivada por la resistencia de los Estados a perder soberanía (o mejor sería decir de las élites dirigentes de los Estados a perder parte de su poder), podría terminar siendo trágica. 

Sólo una Europa unida puede salvar nuestro modo de vida. Europa, en ese sentido, es mucho más que territorio, poder y población es, igual que llegó a ser Roma durante un tiempo, un lugar donde la mayor parte de su población puede vivir con una seguridad y tiene la posibilidad de realizar un proyecto de vida como en muy pocas partes del mundo es posible hacerlo. Puede que para mantener ese singular modo de vida, en estos momentos, la única solución implique deshacer los lazos que vinculan a las antiguas naciones-estado europeas y lanzarnos decididamente a la construcción de una única Europa, con unos poderes legislativo, ejecutivo y judicial efectivos en todo el territorio, con un sistema fiscal común y con modelos homogéneos de protección social.
La unión fiscal y bancaria postulada ahora por nuestro Gobierno y sobre la que están trabajando estos días en Bruselas no es suficiente. Es necesaria una reforma profunda que rompa esta decadente inercia, nos ayude a cambiar el paradigma y sobre cuya base puedan transformarse muchas otras cosas, no solo en lo económico sino también en lo político y en lo social, que son necesarias para que la Europa que nosotros conocemos no desaparezca.