viernes, 11 de octubre de 2013

Agradecimientos al hilo de una insignia de oro

Los pasados días 4 y 5 de octubre se celebraron en Jaén las XIII Jornadas de la Asociación Profesional del Cuerpo Superior de Letrados de la Administración de la Seguridad que estuvieron dedicadas al estudio de las últimas reformas en materia de fraude a la Seguridad social y de los actuales proyectos de reforma para mejorar la viabilidad del sistema. En otro post haré referencia a alguna de las interesantes cuestiones que allí se abordaron. Ahora, empero, quisiera realizar una consideración de carácter más personal.

Acto de clausura de las Jornadas
Con ocasión de estas Jornadas, la Junta Directiva acordó honrar con la entrega de la Insignia de Oro de la Asociación a determinadas personas y decidieron incluirme entre ellas por mi pasada condición de primer Director del Servicio Jurídico de la Administración de la Seguridad Social. En un momento anterior se habían entregado sendas insignias al Secretario de Estado de la Seguridad Social, Tomás Burgos y al Director General de la Tesorería General de la Seguridad Social, Francisco Gómez Ferreiro, sin embargo a Francisco Fuentes, anterior Presidente de la Asociación, Nieves Ciruelos, actual Directora del Servicio Jurídico y a mi, nos las entregaron aprovechando la celebración de las Jornadas. Debido a un pequeño malentendido del que en parte fui responsable, llegué in extremis al instante de la entrega y entre lo azorado y sofocado que estaba apenas puede formular un escueto “gracias” al recibir la insignia, que apenas traslucía lo que en realidad sentía. Aprovecho que dispongo de esta ventana abierta para poder manifestar aquí ese sentimiento y traer a colación algunos recuerdos y otros agradecimientos debidos que, a lo mejor en su día, no tuve ocasión de manifestar adecuadamente.

En primer lugar, agradezco mucho este honor a los compañeros que ahora componen la Junta Directiva de la Asociación y, en particular, a su Presidente Juan Carlos Lozano (ahora entiendo tanto interés porque asistiera a las Jornadas). Casi diez años han pasado desde que cesara como Director y es reconfortante un reconocimiento así. Sin embargo sería injusto pretender apropiarme del mérito de lo logrado durante aquel periodo pues fuimos muchos los que, de una manera u otra, trabajamos para conseguir, al menos parcialmente, los objetivos que nos habíamos marcado.

Lo cierto es que, como suele ocurrir, llegué a la Dirección un poco por casualidad. De aquella yo estaba destinado como Letrado en los Servicios Centrales del INSALUD y era vocal de la Junta Directiva de la Asociación. En un primer momento, estaba destinado a ser un miembro más del equipo de la persona que iba a ser inicialmente nombrada. Sin embargo, por motivos personales esta persona declinó finalmente el nombramiento y yo fui llamado para ocupar el puesto. Es justo reconocer aquí el apoyo y el estímulo que encontré en Alicia Domínguez, Pilar Ruiz Larrea, Pedro Rodríguez Serrano, Paco Gómez Ferreiro, Carmen Salvador y Ana Álvarez. Ellos, o alguno de ellos, fueron los que propusieron mi nombre al entonces Secretario de Estado, Gerardo Camps Devesa para que me llamara.

Visto con cierta perspectiva y atendiendo a su rango jerárquico dentro del Ministerio, pudiera parecer que la Dirección del Servicio Jurídico es solo un cargo de relativa importancia, pero en mi opinión, para un funcionario de nuestro Cuerpo, es posible que sea uno de los más importantes que se pueden alcanzar durante la carrera profesional. Yo, al menos así lo entendi y mi forma de corresponder a esa confianza fue “darlo todo” durante los años siguientes.

Por aquel entonces, el Servicio Jurídico como servicio común no era más que cuatro líneas en un Real Decreto y aunque ya había un proyecto de Reglamento en tramitación (redactado principalmente por las Letradas Alicia Domínguez y Mª José Alonso, ahora Secretaria General de la Dirección) estaba casi todo por hacer. Se trataba de gestionar un proceso de cambio muy importante disponiendo de pocos recursos y enfrentándonos a fuertes resistencias. Eso suponía trabajar muchísimo, tomar decisiones arriesgadas nunca exentas de polémica y ejercer funciones de gestión y directivas para lo que me vinieron muy bien las técnicas y herramientas que había aprendido en los programas de formación directiva que había seguido en el INAP.

Ese empezar casi desde cero comportó una gran ventaja poco frecuente en la Administración: la posibilidad de formar un equipo casi por completo. Nunca se reconocerá bastante el trabajo, la ilusión y la entrega de los Letrados/as que se animaron conmigo a embarcarse en aquella aventura y que formamos un auténtico equipo de alto rendimiento: Ana Álvarez, Juancho del Valle, Pilar Madrid durante el primer año y José Sánchez Robles después -Secretaria general y primeros Letrados jefe de lo Contencioso y lo Consultivo, que ejercieron durante esos años aunque nunca pudieran consolidar sus destinos-. Fundamental también el magnífico trabajo realizado por las funcionarias del Cuerpo de Gestión Carmen Eito e Isabel Álvarez para desarrollar en la práctica muchas de las ideas que se nos ocurrían. Más tarde, los Letrados/as Soraya Amaya, Paco de Miguel, José Mª Vázquez y Piedad Torres también se incorporaron y aportaron su talento al objetivo común de consolidar tanto la figura del Servicio común como a la propia Dirección. El apoyo administrativo prestado por Julián, Mª Luisa, Olga, Eduardo y los demás compañeros que vinieron con el tiempo es digno de ser mencionado.

Para desarrollar el proceso y alcanzar los objetivos que nos habiamos propuesto era necesario establecer una red de alianzas y complicidades con personas, entidades y organismos que compartieran nuestra visión del proyecto así como mantener inestables equilibrios y, en ese sentido, sería injusto no extender mi reconocimiento a Gerardo Camps y Fernando Castelló, los Secretarios de Estado que me dieron su confianza y su apoyo a la hora de tomar decisiones importantes y, al mismo tiempo, respetaron la independencia con la que desempeñé el cargo. Su respaldo y el trabajo de las personas que formaban su Gabinete como Juancho Díaz Dabán y, en los últimos tiempos de la legislatura nuestra actual Directora Nieves Ciruelos, fue determinante para poder sacar adelante proyectos en donde la colaboración de otras Entidades Gestoras o Ministerios era imprescindible. En este punto, quisiera recordar las muchas horas de trabajo codo con codo con Javier Muñoz Aizpuru, entonces Subdirector General de RR.HH de Entidades Gestoras y Organismos Autónomos en el Ministerio, que más tarde sería también mi jefe cuando recalé en el INGESA y con sus consejeros técnicos y demás personal de apoyo.

Aunque en un principio todas las entidades gestoras aportaron su granito de arena, adscribiendo funcionarios al nuevo centro directivo que se había creado, merece destacarse el importante soporte material aportado desde la TGSS, primero con la gestión realizada desde su Secretaría General, desempeñada entonces por Reyes Zataraín y, luego, con la delegación de firma del Director General de la TGSS, Paco Gómez Ferreiro, en el Director del SJSS, que nos permitió una autonomía en la gestión del presupuesto que amplió nuestra capacidad de maniobra. A su vez, Rodrigo Marés nos facilitó mucho las cosas mientras estuvimos en la calle Londres y Julio Mejía, Subdirector General de Patrimonio, colaboró de forma activa para encontrar una ubicación digna para la Dirección.

Además, muchos fueron los compañeros Letrados que aunque ya no prestaban servicios en la Administración de la Seguridad Social, contribuyeron puntualmente a superar obstáculos, franquear el acceso de puertas que se cerraban o simplemente a colaborar en los eventos o actuaciones formativas que programábamos, mereciendo destacarse, además de los ya citados, a Carmen Sampedro, Manuel Peláez, Reyes Montseny, Luis Martínez-Sicluna, Alberto Palomar o Herminio Losada, entre otros a los que, tras los diez años pasados, seguro olvidaré injustamente.

Dentro del propio Servicio Jurídico la transformación y modernización que se pretendía comportaba unos cambios en la forma tradicional de trabajar, introduciendo un nuevo centro directivo al que tener que reportar y nuevos mecanismos de control sobre el trabajo realizado por los Letrados que no siempre fueron bien aceptados. En este sentido he de agradecer la colaboración que, como Letrados Jefe de Servicios centrales, siempre me ofrecieron Toribio Malo, Juan-Manuel Saurí y Cristina Cereceda, con quienes despachaba frecuentemente, así como la buena disponibilidad de la inmensa mayoría de los Letrados Jefes de los Servicios Jurídicos delegados provinciales y casi la totalidad de los Letrados cuando se les solicitaba su colaboración para cubrir alguna comisión de servicio, paliar alguna urgencia o incluso preparar algún informe o algún documento para la Dirección. Soy un desastre para las caras y los nombres y no siempre recuerdo a todos con los que en alguna ocasión he despachado o resuelto algún asunto, mis disculpas por ello. Pero mi mala cabeza no es óbice para reconocer que la suya también fue una aportación tan discreta como importante.

Una de las intenciones que teniamos era convertir al Servicio jurídico en un autentico servicio común de la Seguridad Social, en la creencia de que realmente era necesario reformar, modernizar, potenciar y prestigiar la función de asistencia jurídica para consolidarlo como un potente instrumento destinado a garantizar la solvencia del sistema. A pesar de ello, la provisionalidad en la que nos mantuvimos durante casi toda la legislatura, sin una RPT propia apropiada, nos hacía temer que cualquier cambio en el Ministerio pudiera dar al traste con todo el trabajo hecho y que la Dirección desapareciera. Afortunamente ni fue así, pero entonces no teniamos manera de adivinarlo.

En ese orden de cosas, muchas decisiones no fueron fáciles de tomar ni siempre fueron comprendidas por los destinatarios y el resto de la organización. Así, por ejemplo, cuando vinculamos los servicios jurídicos provinciales a la Dirección del Servicio Jurídico en Madrid para una mejor coordinación de los mismos se nos tachó por muchos Directores Provinciales –que de alguna manera se sentían amenazados por el cambio-, de corporativistas e intentaron detener el proceso; cuando comenzamos a unificar servicios jurídicos de INSS y TGSS fueron algunos Letrados los que recurrieron estas instrucciones pues afectaban a su área de confort y les obligaba a realizar nuevos esfuerzos; el establecimiento de un registro propio en los servicios jurídicos generaba un trabajo suplementario para un personal administrativo escaso y en algunos sitios sobrecargado de trabajo lo que provocó malestar; y cuando postreramente decidimos que la Dirección del Servicio Jurídico, aún a medio desarrollar, no podía convertirse en un cementerio de elefantes, algunos compañeros pudieron sentirse abandonados. Es posible que nos equivocáramos al tomar alguna de ellas pero tal vez, donde  fallamos fue en la tarea de comunicar adecuadamente a la organización la necesidad de esos cambios y la conveniencia de los pasos que se estaban dando.

Cómo dice un amigo conocedor de estas lides, algunos nombramientos de libre designación son como esos romances de verano que se viven intensamente y cuando terminan uno tiene la sensación de que fueron demasiado breves. Supongo que para mí, aquel fue de esos pero, en cualquier caso, fue un periodo profesional muy intenso y, en su conjunto, satisfactorio aunque nos quedaran cosas pendientes: sobretodo la RPT de los servicios jurídicos delegados, la cual como se ha visto estos últimos nueve años, no era tan fácil de implantar.

Hace unos meses, después de un paréntesis de varios años en otra administración y de un nuevo cese algo complicado, he vuelto al Servicio Jurídico de la Seguridad Social, de nuevo como Letrado de infantería en primera línea de tribunales y me he reencontrado con la esencia de lo que me gusta de ser Letrado: la toga y el pleito. También en eso deseo expresar mi agradecimiento a la actual Dirección por su buena disposición durante mi reingreso y, sobretodo, a mis compañeros del Servicio Jurídico delegado provincial por su ayuda para volver a adaptarme al ritmo trepidante de los plazos y los señalamientos.

Llegados a este punto, imagino que muchos compañeros habrán agradecido que llegara tan precipitadamente a la entrega de la insignia y, así, ahorrarse esta “ponencia” de agradecimiento que, si se me permite la broma, solo puede compararse en extensión con el discurso de clausura de las Jornadas.

14 comentarios:

  1. Felicidades querido amigo.Te mereces ese reconocimiento sin duda.

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  2. Muy interesante y muy bien "rememorado"...cómo pasa el tiempo!!

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  3. Somos un estudio jurídico de Abogados en Misiones. Quedamos a vuestra disposición.-

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  4. Yo siempre he opinado que, sin duda, tú fuiste quien dio el espaldarazo definitivo a nuestro Cuerpo.
    Siempre nos quejamos de lo poco reconocida que nuestra profesión, pero el reconocimiento ahora que tenemos, al menos dentro de la propia administracion, lo lograste tú. Lograste que tuvieramos peso especifico, independencia, un mejor funcionamiento ( esa Instrucción era muy buena), y por qué no decirlo, una mejor retribución.
    Desde luego, tenias un gran proyecto en la cabeza y no sabes lo que siento que no pudieras llegar a terminarlo.
    Enhorabuena y un abrazo muy fuerte.

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    1. El proyecto lo compartiamos muchos y el resultado es fruto del deseo de mejorar y del trabajo y esfuerzo en común

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  5. por encima de las-inevitables- críticas, abristéis el camino de nuestro reconocimiento como Cuerpo; y personalmente recuerdo con agradecimiento y cariño tu apoyo a mi incursioncilla eslovaca( a pesar del plantón q nos diste en zgz..)y conste q no soy dada al halago gratuito

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    1. Los Letrados que participasteis en esas primeras aventuras en el ámbito de la colaboación internacional, en cierto modo, también abristeis nuevos caminos de actuación interesantes.
      Un abrazo

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  6. Enhorabuena Jose María, nene tu vales mucho (en lo profesional y en lo personal más)

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  7. Enhorabuena por esa merecida distinción y muchas gracias por el recuerdo a nuestro difunto padre, Manuel Peláez Nieto, Letrado del INP y del Consejo de Estado, quien propulsó el Cuerpo ante la Administración y los Tribunales ( entre otras cosas ganó en el TS la reserva de las Jefaturas de los Servicios Jurídicos a los Letrados ) y fundó la Asociación.

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    1. Gracias Laureano, lo cierto es que tu padre nunca olvidó su Cuerpo de origen y también durante mi etapa nos ayudo en un aspecto concreto pero importante con ocasión de la tramitación del Reglamento.

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  8. Enhorabuena José María, te felicito sinceramente y espero estés orgulloso y contento por este reconocimiento público. Besos

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  9. Luis Rufas de Benito29 de noviembre de 2013, 13:04

    ¡Felicidades José María! Enhorabuena a todos. Aunque no estoy entre vosotr@s no hay día que no piense en nuestro quehacer diario.
    Un abrazo

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