lunes, 24 de noviembre de 2014

Artículo en ¿Hay Derecho?: "España hacia la catarsis"

 Artículo publicado en el blog ¿Hay Derecho? el pasado día 4 de noviembre:

Cuando comencé a escribir este artículo, se titulaba “España: entre el regeneracionismo y la catarsis”. Será que escribo despacio, pero tres o cuatro escándalos de corrupción más tarde, he decidido alterar ese título por el presente. Tal vez sea un indicio de que los acontecimientos se precipitan.

No merece la pena entrar a relatar aquí los múltiples aspectos económicos, institucionales, organizativos de nuestra sociedad que están afectados por la crisis. Libros como ¿Hay Derecho? publicado por los editores de este blog, o los post de blogs como “Nada es Gratis”, o simplemente, el repaso diario de los titulares de los periódicos reflejan perfectamente a que nos referimos.

Las prácticas viciadas y la continuada impunidad ha terminado generando que, aunque aun existan muchas personas limpias de polvo y paja, todos los estamentos de la sociedad estén en mayor o menor medida contaminados: las administraciones, sobre todo las más pequeñas (entidades locales, administraciones “independientes”, universidades); los agentes sociales (partidos políticos, sindicatos, organizaciones empresariales, el asociacionismo clientelar); el sector empresarial, tanto el de altos vuelos con sus prácticas oligopólicas y sus negocios subvencionados, como la pequeña y mediana empresa que trampea todo lo que puede con Hacienda y la Seguridad Social, etc…

Los organismos de control tanto los públicos (internos, tribunales de justicia, tribunales de cuentas, organismos reguladores, etc), como privados (auditores de cuentas, comités de RSC, etc) están absolutamente superados por las circunstancias, minados e infiltrados por aquellos a quienes han de investigar y afectados con frecuencia por conflictos de intereses irresolubles. La autorregulación se ha demostrado inoperante, los códigos éticos y las propuestas de responsabilidad social de las empresas, en su mayor parte, son meros juegos de artificio y artimañas de marketing.

Dada la dimensión de los problemas que atenazan a España en estos momentos, lo único que mantiene una generalizada paz social es que las costuras del estado de bienestar -si bien tensas como tirantes- aguantan todavía. La legitimidad del sistema es puesta en entredicho y resulta cada vez más difícil encontrar argumentos para su defensa dialéctica eficaz.

A pesar de todo, todavía existen elementos esenciales para la vigencia de nuestro modelo de Estado que aguantan firmes y así, según podemos comprobar estos días, el respeto por la libertad de expresión permite que todos estemos puntualmente informados de las supuraciones del sistema y que el mensaje de posibles alternativas políticas llegue con claridad a la población;  la eficacia e independencia de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado facilita que esos actos delictivos que tanto nos escandalizan lleguen a los tribunales al margen del encuadramiento político de sus presuntos autores (lo que en otros países aparentemente democráticos sería impensable); y a pesar de la crisis y los recortes, el normal funcionamiento de la administración consigue que los servicios públicos sigan prestándose con normalidad. El enfermo está grave pero sus constantes vitales aún permanecen estables.

Pero no cabe engañarse, la torpeza –dicho sea por ser elegantes- con la que nuestros dirigentes -independientemente de su signo político- han gestionado España durante los últimos lustros, y la carencia de otras alternativas sólidas hace muy probable que en las próximas elecciones generales –o en las siguientes si una coalición consigue prorrogar el “statu quo” por una legislatura-, los electores puedan impulsar un cambio radical de nuestra sociedad hacia soluciones populistas que a duras penas pueden disimular su cariz comunista.

Ese panorama no puede sino atemorizar a quienes, como quien suscribe, apuesta por preservar lo esencial de nuestro sistema entendido como un “Estado social y democrático de Derecho que propugna como valores superiores del ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo jurídico” y en donde se desarrollen políticas de corte socialdemocrata en el entorno de una economía de libre mercado.

Para evitar que se produzca el vuelco es imprescindible corregir las perversiones que ahora afectan a nuestro sistema político, pero preservando lo mucho de bueno que el modelo mantiene. La solución pasa por iniciar un proceso de cambio que suponga una regeneración completa del sistema y que consiga volver a captar la adhesión de la gran mayoría de la sociedad española. Pero el cambio debe ser profundo y auténtico, las huecas declaraciones formales y los pomposos planes de actuación sin contenido real y que, al final, quedan en mera componenda resultan a estas alturas inaceptables.

A la vista del deterioro de la situación, esa regeneración debe comportar incluso una catarsis, entendida como una “expulsión espontánea o provocada de sustancias nocivas al organismo” (2ª acepción del diccionario de la RAE). Ello exige no solo entonar un “mea culpa”, sino tomando como ejemplo los gestos realizados por la Corona continuar con una renovación completa tanto de las personas como de los usos y de esas costumbres que tanto daño han hecho e incluso, si se considerara necesario y se consigue un suficiente consenso, abriendo paso a un nuevo proceso constituyente.

Para conseguir llevar a cabo con éxito este proceso de cambio parce imprescindible aunar voluntades y asentar sólidas alianzas para alcanzar un acuerdo a la largo plazo y vencer las inevitables y poderosas resistencias al cambio. El esfuerzo debe ser conjunto, pues por si solas las fuerzas políticas tradicionales carecen ya de suficiente energía y aceptación. Así, resulta evidente que todo el trabajo realizado hasta ahora por el Gobierno con sus iniciativas reformistas no es percibido por la población como una auténtica regeneración. Por otra parte, la ambigüedad y escasa profundidad de los posicionamientos del nuevo líder de la oposición socialista tampoco parecen calar en la sociedad y, finalmente, las esperanzas que muchos regeneracionistas pusieron en el proyecto político de UPyD han terminado por verse defraudadas tras sus divisiones e incongruencias internas, probablemente perjudicando también las expectativas del otro proyecto netamente regenerador: el Movimiento Ciudadano.

No parece, pues, que haya fuerzas políticas lo suficientemente poderosas para, en solitario, poder practicar con éxito un impulso regenerador en la sociedad afrontando reformas estructurales realmente determinantes y perceptibles, es preciso alcanzar consensos en aspectos básicos entre quienes todavía son representantes legítimos y electos de la sociedad.

Dada la existencia de una mayoría absoluta en las Cortes, el liderazgo natural para emprender un proyecto de esta envergadura es lógico que corresponda al partido del Gobierno, pero debe también admitirse la participación activa y protagónica del resto de las fuerzas políticas y de la sociedad civil a través de los agentes sociales ya reconocidos, pero también mediante procedimientos de participación ciudadana más abiertos disponibles gracias a las nuevas tecnologías, con el fin de poder contar con la participación activa de todos los que crean que la reforma del sistema nacido de la Constitución del 78  es más aconsejable que una refundación partiendo de cero.

El objetivo no puede limitarse tan solo a una urgente persecución de la corrupción conocida, ni a la adopción de medidas para evitar que sea tan fácil y compense tanto corromperse.

Resulta imprescindible ir más allá y responder a las demandas sociales de abordar una transformación institucional de la gestión pública, limitando el nepotismo y clientelismo que se ha ido instalando en los últimos tiempos; reforzando la independencia y la capacidad de las autoridades de control para impedir que sectores estratégicos sean ocupados por determinadas oligarquías y grupos de poder; apostando decididamente por la transparencia; dotando a la Justicia de los medios humanos, materiales y tecnológicos precisos para que pueda dar respuesta veloz y de calidad a las demandas de los ciudadanos, así como acabar con las trabas económicas que dificultan el acceso a la misma de las clases medias; adecuando el sistema electoral a la nueva situación político social del país; y cerrando definitivamente el modelo de organización territorial del Estado incluyendo una reforma profunda de la administración local. La lista de materias a reformar puede ser mucho más extensa, pero lo urgente ahora es volver a consolidar los cimientos del sistema y reformar nuestro modelos de Estado de manera que legalidad y legitimidad vuelvan a estar juntas de la mano.

En el fondo, de lo que estamos hablando es que el conjunto de personas, que ahora tienen asumida nuestra representación en virtud de los distintos mandatos democráticos vigentes, actúen con la responsabilidad, inteligencia, generosidad, lealtad institucional y altura de miras que la gravedad del momento exige. Que tengan el arrojo de dar un paso adelante aunque sea arriesgado y la gallardía de dar un paso atrás cuando se conviertan en un estorbo ¿Será pedir demasiado?

Ya no cabe fiar en errores ajenos, ni jugar con la carta del miedo, tampoco vale de nada echarse las culpas unos a otros. La supervivencia del modelo que ha traído la prosperidad y la paz a nuestro país durante más de treinta años (y que ahora tiene carcomida su estructura) depende solo de que en el tiempo restante hasta las próximas elecciones, se consiga acertar lo suficiente –más incluso en lo político que en lo económico y social- como para demostrar a una mayoría de la población que merece la pena seguir confiando. En otro caso, la hastiada sociedad española demandará un cambio sin precedentes sin pensar demasiado en las consecuencias. Ha pasado antes en Italia o en Venezuela.

Los acontecimientos recientes demuestran que tras la alternativa ofertada por el nuevo partido político “Podemos” hay talento suficiente como para liderar esa legión de 200.000 personas que ya se han inscrito como seguidores y que, con legítima hambre de poder, aspiran a “asaltar el cielo” y convertirse en una nueva élite dispuesta a dirigir el país durante la próxima generación. El cronómetro se ha puesto en marcha, queda poco más de un año.

Post scriptum: Durante los veinte días posteriores a la publicación inicial de este artículo, dos encuentas han posicionado a "Podemos" como primera fuerza políticas en unas posibles elecciones; la opción de una agrupación de centro surgida de la unión entre UPyD y Ciudadanos ha desaparecido por el desacuerdo entre esas formaciones; cada semana surgen nuevos escándalos que profundizan en el malestar general y la anunciada recuperación económica no terminar de favorecer a las capas medias y bajas de la sociedad.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Teatro: "El enano en la botella"

Ayer por primera vez en España, se presentó en la Sala Tú de Madrid la obra del dramaturgo hispano-cubano Abilio Estévez “El enano en la botella”, monólogo incluido en el libro“Ceremonias para actores desesperados” (Tusquets Editores, Barcelona 2004) y Premio “Rine Leal” al mejor texto presentado en el Festival de Teatro de Pequeño Formato de Maimi en el año 2001.

“El enano en la botella” es una obra compleja, al mismo tiempo introspectiva y universal, en la que el enano protagonista nos cuenta su historia, que si bien en un principio puede intuirse como una suerte de metáfora de la Cuba encerrada por el régimen castrista, sin embargo va mucho más allá y apuesta por reflejar esas redes tupidas en las que, en nuestra pequeñez, el ser humano queda a veces atrapado regodeándose en el sufrimiento y la soledad. Asistiendo a la obra uno puede imaginarse al intelectual ajeno al mundo ensimismado en sus conocimientos; al hijo atrapado en un trauma familiar del que se siente incapaz de escapar; al solitario fantasioso que se niega a de abrirse a los demás; o en fin, al amante platónico que sufre cobarde en silencio. Todos ellos pueden resultar simples enanos en sus botellas. Incluso, dado el particular momento político y social que vive ahora nuestro país, el texto podría admitir alguna lectura comprensiva de la actual situación.

“El enano”, como monólogo dramático con una duración aproximada en torno a la hora, representa un reto singular y difícil para cualquier actor, que Luis Jaspe resuelve satisfactoriamente con una interpretación que refleja el gran esfuerzo creativo realizado, dando a su personaje los múltiples registros que la obra plantea: hastío, angustia, tristeza, resignación, miedo y, sobretodo, un irónico sentido del humor a veces, con un punto cruel.

La complejidad del texto, lleno de referencias y guiños literarios, filosóficos y artísticos que encantarán a los “iniciados”, ha sido aligerada gracias a la adaptación de la obra y a la dirección de escena creada por la directora NidiaMoros. La escenografía, llena de pequeñas sorpresas que se van descubriendo poco a poco se convierte así en otros nuevos personajes con los que el actor puede interactuar consiguiendo un resultado muy interesante y ameno que queda reforzado por la música original compuesta especialmente para este montaje por Maye Azcuy.

Una obra que merece la pena conocerse. De momento en cartel en Madrid, todos los martes del presente mes de noviembre.

 

viernes, 26 de septiembre de 2014

Cerrando y abriendo etapas

“Quien no tiene otra cosa que hacer, abre un blog”. Esta frase suele ser arrojada con maledicencia por quienes en realidad, no tienen nada que decir, no saben como decirlo o, en el mejor de los casos, no se atreven a decirlo, aunque hay que reconocer que, como casi todas las insidias, algo de verdad subyace en ella.

Viene esto a cuento de que llevo casi tres meses sin encontrar el momento para escribir y publicar nuevos artículos en el blog. La progresiva asunción de responsabilidades familiares,  profesionales y académicas supone que cada vez pueda disponer de menos tiempo que dedicar al ocio o al estudio de las cuestiones que me interesan y que tienen reflejo en los post que suelo publicar,  artículos que exigen una mínima dedicación para la oportuna documentación y redacción.

"Ventana abierta" Foto: Chemapego
Por otra parte, el inicio de esta aventura, hace ya cuatro años, también coincidió con un momento en el que comenzaba a colaborar en varios medios de comunciación digitales y en la tertulia radiofónica "La hora de los sensatos" dentro del informativo que Alejandro Ávila dirigía en Gestiona Radio, todo lo cual en cierto modo se retroalimentaba. Aunque la experiencia ha sido muy gratificante, hoy por hoy, tan solo mantengo una colaboración regular con "¿Hay Derecho?", esta pérdida de intensidad es lógico que encuentre su reflejo en este blog.

No me estoy despidiendo, mi intención es seguir manteniendo esta “reflexiva” ventana abierta, con la que, de manera modesta, intento formar parte de eso que se denomina "sociedad civil", pero si reconozco que es posible que los “post” se pueden ir distanciando.

Gracias en cualquier caso, a todos los que os asomáis por aquí y más aún a los que participáis con vuestros comentarios en uno u otro sentido. Para mi es una satisfacción, dentro de su modestia, el número de entradas que van acumulando algunos de los artículos publicados.

lunes, 2 de junio de 2014

La sucesión: una oportunidad para las reformas, para la esperanza

Ante el nuevo escenario planteado por el resultado de las elecciones europeas en el que la ciudadanía ha manifestado su disconformidad con la evolución económica y social de la sociedad española mediante un cambio trascendente en la orientación de su voto y, mientras el PSOE sigue inmerso en su laberinto y el Partido Popular, aparentemente se atrinchera en el discurso del “aquí no ha pasado nada”, la Corona ha vuelto a reaccionar con los reflejos para valorar las oportunidades cruciales que en su día la caracterizaron. Así, mientras el Rey da un paso atrás, la institución que representa ha dado un paso adelante. 

Seguro que recordando las palabras pronunciadas por su propio padre cuando, a su vez, renunció a sus derechos; en contra de lo que parecían ser sus iniciales intenciones y asumiendo lo que a todas luces puede considerarse, un gran sacrificio personal, el Rey  ha decidido abdicar la Corona de España a favor de su hijo Felipe. Puede afirmarse sin ambages que en nuestro país ha concluido un periodo histórico y que a partir de ahora se inicia otro.

Mirando la vista atrás, y sin perjuicio de que en el ámbito social no son posibles las utopías perfectas, nadie puede negar sin caer en la más ramplona demagogia que, durante estos últimos treinta y nueve años en el marco de la monarquía constitucional encarnada por Don Juan Carlos I, España ha vivido “un largo periodo de paz, libertad, estabilidad y progreso”. Ese mérito por mucho que se intente desvirtuar ahora por determinados sectores ya solo queda pendiente del juicio de la historia.

Sin embargo, cuando como es el caso, la sociedad se enfrenta a una crisis política, institucional, ética, económica como a la que ahora se enfrenta España, el mero recuerdo de logros pasados pesan poco a la hora de legitimar una forma política de Estado como es la monarquía constitucional. Efectivamente, aún resuenan los ecos de las palabras de nuestro monarca cuando ya se alzan no pocas voces proclamando un cambio de régimen y se convocan manifestaciones en la Puerta del Sol, rememorando otros momentos históricos cuya repetición debería intentar eludirse. Debatir acerca de que forma política de gobierno es, en teoría, mejor para una sociedad es algo tan antiguo como estéril. Podemos remitirnos, cuando menos hasta Aristóteles y anda que no ha llovido desde entonces. Monarquía y república se han ido alternando a lo largo de los tiempos y en su seno se han podido desarrollar indiferenciadamente -siguiendo la primigenia clasificación aristotélica-,  tanto formas puras de gobierno como tiranías, oligarquías y demagogias varias. Así, mientras unos podrán mentar con razón al decimonónico Fernando VII como ejemplo de monarca despótico, otros podrían recordar no menos veraz las milenarias y sangrientas proscripciones de Sila en la República de Roma o que Adolf Hitler, perdón por no poder resistirme a citar este ejemplo, comenzó por ser un lustroso primer ministro de la República de Weimar elegido en unas elecciones democráticas. 

Del mismo modo, ambas formas de gobierno admiten numerosas variantes y modalidades intermedias: en la historia reciente podemos encontrar democracias republicanas que mediante el recurso a las ampliaciones sucesivas de mandatos se convierten en una suerte de monarquías electivas (por ejemplo, la Venezuela bolivariana de Chávez), o repúblicas nominales en las que la Presidencia se hereda de padres a hijos (Corea del Norte, Siria…). Desde otro enfoque, también podría alegarse que con nuestra monarquía constitucional, siguiendo una dialéctica hegeliana, bien pudiera haberse conseguido alcanzar la síntesis de ese histórico conflicto entre monarquía y república en el que se habrían logrado combinar lo mejor del modelo aristocrático con el democrático.

En cualquier caso, para afrontar la cuestión en estos momentos, a mi juicio, la mejor postura debería partir de abandonar prejuicios y recurrir a una solución práctica que nos permita avanzar en una senda de desarrollo en vez de internarnos en una espiral autodestructiva. En ese sentido, a pesar de su progresiva degradación, muchos consideramos que la opción contenida en la Constitución de 1978 optando por una monarquía constitucional pretendió –y en buena medida lo consiguió- aunar a las características propias de un sistema democrático la garantía de estabilidad que ofrece la existencia de un poder moderador que trasciende la confrontación política diaria de los partidos políticos. Ese poder moderador lo tenemos en la Corona como institución e intentar prescindir de él, cuando más necesario es encontrar un ámbito que trascienda la lucha entre los partidos parece poco útil. También desde el punto de vista de la cuestión territorial, la monarquía es útil como elemento aglutinador de la unidad nacional al constituir un “símbolo de la unidad y permanencia” del Estado. 

Pero no es menos cierto, que la evolución de la crisis entendida en sentido amplio y la pésima gestión con la que hasta ahora se le ha hecho frente: haciendo recaer el peso de la misma en las clases medias, incrementando las desigualdades hasta extremos no recordados y, al menoscabar el Estado de Derecho favoreciendo la percepción de que existen “castas” económicas y políticas que se consideran por encima de la población, ha provocado que existan razones suficientes para que, no solo la opinión pública, sino también las masas normalmente alejadas del debate político se cuestionen la razón de ser de nuestras instituciones políticas y reclamen un cambio sustancial en las mismas, dejándose llevar muchos de ellos por alternativas radicales y demagógicas, tan atractivas y fáciles de exponer por un eficaz comunicador, como inviables o destructivas en la práctica. 

Esta situación hace necesario abordar un periodo de profundas reformas institucionales que restablezcan la eficacia del estado de derecho, la independencia de los poderes del Estado, que garanticen una equitativo reparto de la riqueza y que cierre de una vez por todas nuestro modelo territorial, de manera que con ellas pueda renovarse la confianza y el respeto entre el pueblo y sus dirigentes. Para ello, probablemente sea preciso afrontar una reforma constitucional que habría de ser aprobada en un nuevo referéndum nacional, el cual volvería a renovar la imprescindible legitimidad de nuestro sistema político durante esta etapa que iniciamos. 

Aunque las circunstancias sean algo diferentes, ahora igual que hace casi cuarenta años, el papel de liderazgo del sucesor de la Corona, como nuevo Jefe del Estado en este proceso, y siempre dentro de lo que son sus funciones constitucionales, será determinante para que esas reformas lleguen a buen puerto y sean entendidas y refrendadas por una mayoría suficiente de tal manera que permitan durante el próximo reinado volver a repetir un nuevo periodo de “paz, libertad, estabilidad y progreso”. No va a ser fácil, pues puede que Don Felipe tenga aún menos capacidad de maniobra que su padre entonces, pero con sabiduría, habilidad, arrojo y firmeza no es tarea imposible. Seguro que tampoco estará solo en el intento. Todos, sin excepción, nos jugamos mucho en este empeño. No solo nuestro futuro, también el de nuestros hijos.

miércoles, 2 de abril de 2014

Crónica de la jornada homenaje al jurista D. Javier Sánchez-Caro

El pasado 27 de marzo se celebró en la Escuela Nacional de Sanidad una Jornada homenaje al eminente jurista y, entre otros muchos méritos, compañero del Cuerpo Superior de Letrados de la Administración de la Seguridad Social, D. Javier Sánchez-Caro.

Javier, tras diversos destinos como Letrado ha desempañado los cargos de Secretario General del INSALUD, Secretario General de la Oficina del Síndrome Tóxico, Secretario general de la Consejería de Agricultura de Castilla La Mancha, y desde 1994 hasta el año 2002 fue Subdirector General de la Asesoría Jurídica del INSALUD, culminando su carrera administrativa como Director de la Unidad de Bioética y Orientación sanitaria de la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid.

Tanto por su fecunda obra científica y docente, como por su dilatada trayectoria en la Administración del Sistema Nacional de Salud es una de las principales autoridades en nuestro país en materia de Derecho Sanitario, Bioética y Bioderecho. Por sus aportaciones ya había sido designado Académico correspondiente honorario de la Real Academia Nacional de Medicina y, ahora, con ocasión de su jubilación en la Administración pública –que no en el ejercicio profesional de su autoritas científica-, muchos de los que hemos trabajado y aprendido a su lado nos reunimos en la Escuela Nacional de Sanidad para rendir nuestro tributo a su trayectoria profesional asistiendo a una sesión en la que se glosaron sus aportaciones doctrinales y profesionales al Sistema Nacional de Salud español. 

En la jornada inaugurada por el director de la Escuela Nacional de Sanidad, D. Cristobal Belda Iniesta, participaron como ponentes D. Juan José Rodríguez Sendín, presidente de la Organización Médica Colegial; D. Fernando Lamata, exconsejero de Sanidad de Castilla-La Mancha, D. Carlos Romeo Casabona, Director de la Cátedra Interuniversitaria de Derecho y Genoma Humano, quienes glosaron la figura del homenajeado desde diferentes ángulos, con un enfoque clínico el primero, destacando su trayectoria en la administración el segundo y centrándose en sus aportaciones doctrinales a la disciplina del Derecho sanitario y de la bioética el tercero. También se proyectaron los saludos que se recibieron de D. Alberto Núñez Feijoo, actual Presidente de la Xunta de Galicia y de José Ignacio Echániz Salgado, actual Consejero de Sanidad y Asuntos Sociales de Castilla-La Mancha, con quienes colaboró Javier cuando fueron Presidente del INSALUD y Consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid respectivamente, y que por razón de sus obligaciones actuales, no podían trasladarse a Madrid en esta ocasión. 

Como no podía ser de otra forma, el propio Javier expuso una breve y emocionada ponencia sobre “Derecho Sanitario y Bioética: encuentros y desencuentros”; título que, en sí mismo, resume lo que, en definitiva ha sido su vida profesional.

Como colofón a tan emotivo encuentro, el Presidente del Consejo de Estado, D. José Manuel Romay Beccaría puso punto final al acto con una brillante intervención que, afectuosamente, entrelazaba las dos grandes pasiones del homenajeado: el derecho y la poesía.

Al finalizar, se hizo entrega a Javier Sánchez-Caro de los Diplomas de Profesor honorario de la Escuela Nacional de Sanidad y de Miembro de honor de la Asociación de Juristas de la Salud.

De entre los más de 150 asistentes al evento, algunos procedentes de varias regiones españolas, asistimos varios compañeros de los que estuvimos en la Asesoría Jurídica del INSALUD en la época en la que Javier la dirigió y, por indicación del Presidente de la Asociación de Letrados de la Administración de la Seguridad Social, le trasladamos verbalmente el reconocimiento institucional de sus compañeros de Cuerpo a su magisterio y trayectoria.

En definitiva, todo un acontecimiento a la altura de lo que Javier se merece y por el que también es justo felicitar a los que, dentro de su entorno familiar y profesional cercano, lo han hecho posible.

domingo, 23 de marzo de 2014

Adolfo Suarez, un hombre para la historia

Adolfo Suárez ha fallecido hoy domingo y ahora todos los medios de comunicación nos recuerdan la importancia de su figura y el éxito que tuvo al llevar a cabo el papel que el Rey le encomendó para liderar pacíficamente el transito a la democracia partiendo del régimen franquista.

No voy a reiterar aquí todo lo que de manera profusa se va a comentar estos días, ni tampoco parece el momento de entrar en polémicas. Dada mi edad de entonces, mis recuerdos de aquel periodo son meramente anecdóticos e irrelevantes. Sólo más tarde cuando él ya había dejado de ser Presidente empecé a ser consciente de su obra.

Simplemente quisiera expresar un homenaje personal a su memoria y a su legado. No creo que sea exagerado afirmar que si mi generación ha podido crecer y vivir con una libertad  desconocida en este país durante siglos, ha sido gracias a personas como Adolfo Suárez y, aunque su paso por la vida política española fuera relativamente efímero, sin duda, su trabajo le permitirá entrar en la Historia donde su nombre vivirá para siempre.

Descanse en paz.

lunes, 17 de febrero de 2014

Una inmersión en la realidad bolivariana (II)

Así enunciado, el post anterior podría parecer una exageración, pero unas simples pinceladas nos pueden dar una imagen aproximada de la realidad bolivariana actual.

En lo económico, tras los quince años de régimen bolivariano y de represión de la actividad económica privada, Venezuela ha pasado de exportar café, cacao, energía hidroeléctrica y, por supuesto, petróleo y otros productos petrolíferos refinados derivados, a tener que importar prácticamente todos estos productos (excepto el petróleo bruto y otras materias primas, aunque con una producción muy inferior a la de una década atrás). Al mismo tiempo, el país ha pasado de producir suficientes recursos alimenticios (carne, maíz, azúcar, leche) como para casi autoabastecerse hace quince años, a no producir lo suficiente, siendo necesario importar grandes cantidades de alimentos e, incluso, productos petrolíferos para satisfacer las necesidades de la población.

El aumento de las importaciones sobre las exportaciones contribuyó a encarecer el dólar, a lo que el Gobierno respondió acordando el control de cambios. Gran parte de los problemas económicos actuales tienen su origen en las perversas dinámicas surgidas en torno al control de cambios. Actualmente, tras la última devaluación, el gobierno determina dos precios oficiales para el dólar: 6,3 bolívares (BsF) para las importaciones y BsF 11,3 para los particulares que vayan a salir al extranjero o que adquieran productos por internet. Sin embargo, el marco regulatorio obliga a los importadores a adelantar el monto de los productos que han de adquirir y solo cuando estos llegan a la aduana, se autorizan los pagos por el regulador, existiendo además otras trabas y retrasos que solo pueden superarse por vías “informales”. En ocasiones, los importadores se ven obligados a adquirir dólares en un mercado paralelo no oficial para poder cumplir sus compromisos con los proveedores. Todo ello encarece el importe final de los productos importados influyendo en la dinámica inflacionista y alimentando una espiral interminable. En esta dinámica, monedas como el dólar y el euro se consideran monedas refugio y existe una fuerte demanda interna de particulares que también recurren a este mercado paralelo donde el precio del dólar se encuentra entre los BsF 70 y los BsF 80 aunque sigue incrementándose.

Pero en un entorno corrupto, la consideración del dólar como bien escaso, es además una tentación irresistible y así, bien pudiera darse la paradoja de que quienes determinan el control de cambios, probablemente también controlen y se beneficien del mercado paralelo. Un joven ejecutivo del sector de la exportación/importación me explicaba el procedimiento empleado por determinados sectores, con el imprescindible respaldo de altas instancias, para sustraer dólares del mercado oficial e introducirlos en el mercado paralelo con pingues beneficios mediante la importación ficticia de productos que, en realidad nunca llegan a ingresar en el mercado venezolano. Según esta versión, además del agente de aduanas, tres son los operadores burocráticos que han de intervenir en el proceso autorizando la importación, autorizando el cambio de divisas e inspeccionando materialmente la carga. En función de su importancia, a cada uno se le asigna como “mordida” una cantidad que oscila entre BsF 1’5 por dólar y BsF 4 por dólar, de manera que, al final, el falso importador, adquiere cada dólar por una cantidad aproximada de BsF 16 por dólar. Después de vender en el mercado negro ese dólar a BsF 70, la ganancia aun será de BsF 54 por dólar. La utilización masiva de estas prácticas pues, al parecer en estas operaciones se mueven millones de dolares, ha agudizado la caída de las reservas en dólares del Tesoro público y ha generado que tras haber colapsado los sectores productivos primario y secundario de naturaleza privada con las nacionalizaciones y expropiaciones confiscatorias, también entre en barrena el sector de la distribución.

Cola ante un matadero de aves para comprar pollos en El Carrizal (Photo by Chemapego)
El control de cambios que dificulta las importaciones se conjuga con el mecanismo de fijación de precios mínimos utilizado por el gobierno para intentar controlar la inflación a la hora de favorecer que se den situaciones de desabastecimiento. Una anécdota: un día intenté adquirir una aspirina en la farmacia. La dependienta me informó de que hacía años que no despachaban aspirinas, cuando comenté mi sorpresa con un conocido me indicó que el precio máximo de venta fijado para las aspirinas no alcanzaba ni para cubrir los costes del empaquetado y que, en consecuencia, habían dejado de producirse y de importarse. Sólo existen en los hospitales públicos y en cantidades limitadas en función de la limitada capacidad de producción de las empresas públicas. Este problema se extiende a los productos alimenticios, así una barra de pan de trigo tiene un precio máximo de BsF 5, en determinadas ocasiones por debajo del coste de la propia materia prima, por lo que en las panaderías no se encuentra o solo venden una barra por persona. Sin embargo, no es difícil encontrar pan de molde o productos elaborados con trigo a un coste superior. Mientras permanecí allí, existían dificultades para comprar leche, pollo, azúcar o harina pan (una harina de maíz muy popular en Venezuela). Al marchar empezaban a escasear productos textiles o derivados de la celulosa como el papel higiénico, las compresas o las servilletas.

La inflación, unida a una regulación laboral muy rígida en donde la inamovilidad de aquellos trabajadores que perciben el salario mínimo constituye una espada de Damocles sobre la cabeza de muchos pequeños empresarios, tiene como consecuencia la progresiva desaparición de las clases medias que habían surgido en el país con el esplendor de la industria petrolífera en las décadas de los años sesenta, setenta y ochenta y con el consiguiente empobrecimiento de la población que, incluso teniendo un trabajo estable en muchos casos, ve como su capacidad adquisitiva es cada vez es menor.

La inseguridad es otro elemento que perturba gravemente la vida cotidiana de un venezolano normal: los robos, los secuestros exprés y los asesinatos están a la orden del día. Caracas es, por méritos propios, una de las cinco ciudades más peligrosas del mundo solo por detrás de Damasco, Bagdad o Kandahar. Apenas un porcentaje mínimo de los hechos delictivos es resuelto por la fuerzas de seguridad, siendo necesario que el hecho haya tenido cierta relevancia o la víctima fuera un personaje conocido tal y como sucedió recientemente con el asesinato de una antigua Miss Venezuela y su esposo irlandés. Por otro lado, el funcionamiento de las fuerzas de seguridad es irregular y, en numerosas ocasiones se denuncian arbitrariedades y negligencias, existiendo numerosos casos de detenidos que esperan durante meses en prisión preventiva sin que las acusaciones se concreten ni lleguen a ser condenados en un juicio justo. No es infrecuente tampoco la persecución policial del enemigo político por parte del poder, utilizando de manera artera lo que debería ser un servicio público neutral. Se esta viendo estos días con ocasión de las protestas estudiantiles.

En esa situación, uno no puede dejar de estar en guardia cuando sale de un entorno seguro como una urbanización cerrada, un centro comercial o determinados barrios -y solo durante ciertas horas-. Los frecuentes atascos caraqueños, suelen ser una trampa en donde los denominados “motorizados”, por parejas y armados con pistolas, atracan a los vehículos a su antojo y a la más mínima resistencia, confiados en su impunidad, no dudan en disparar a matar. Un pinchazo o una avería en el coche en determinadas carreteras, incluso de la red principal, puede comprometer la seguridad personal seriamente. En las zonas próximas a barriadas conflictivas como la de Petare, hasta los autobuses de las líneas de transporte público son asaltados a mano armada. En ese ambiente, salir del trabajo y regresar sano y salvo a casa todos los días constituye una aventura, una especie de lotería diabólica, que va generando en la población un estrés y, por qué no, también un cierto fatalismo. Ya no solo Caracas se ve afectada por la inseguridad, las principales ciudades venezolanas afrontan riesgos semejantes.

Ranchos sobre la carretera Panamericana (Photo by Chemapego)
En paralelo, la permisibilidad del gobierno con la ocupación por los sectores marginales de la población de fincas privadas para la autoconstrucción de infraviviendas –los denominados ranchitos-, que se construyen de manera espontanea sin planificación ni obras públicas de saneamiento ni acceso al agua potable en una versión extrema de “urbanismo salvaje”, además de reforzar la marginalidad de grandes sectores de la población está propiciando un incremento de la insalubridad, con un aumento de enfermedades digestivas e infecciosas. Así, en 2013, se ha confirmado la aparición de más 150.000 nuevos casos de malaria y dengue, en muchos casos hemorrágico, que está alcanzando a zonas donde estas enfermedades anteriormente se habían conseguido erradicar o, al menos, disminuir su incidencia de manera importante.

Todo ello, a pesar de los recursos invertidos por el gobierno en sus misiones “barrio adentro” que pretenden extender una suerte de atención sanitaria primaria en estas barriadas; o en los destinados a la “Misión vivienda” orientada a la construcción de viviendas (solo se han construido 150.000 de las 300.000 previstas inicialmente) y que también ha recibido numerosas críticas, tanto por cómo y en donde se han expropiado los terrenos, cómo por la forma en la que han adjudicado estas obras públicas -sorprendentemente, a empresas chinas, rusas o búlgaras en vez de venezolanas- e incluso, por los procedimientos de asignación a sus destinatarios.

Esta realidad intenta ser minimizada y ocultada desde el gobierno venezolano. Durante estos quince años los medios de comunicación libres han sido acosados y atacados hasta que en la actualidad no existe ni un solo canal de televisión ni de radio con dimensión nacional que pueda emitir un discurso crítico con el gobierno. Todos emiten las mismas consignas e idéntico argumentario. Tan solo dos periódicos permanecen independientes y no sin dificultades. La más reciente, la derivada de la limitación impuesta por el gobierno a la importación de papel. Los periodistas y los intelectuales críticos también son condenados sin piedad al ostracismo, cuando no detenidos o golpeados.

Junto a una oposición que resiste como puede el ninguneo y el asedio de un poder casi absoluto, la universidad es una de las pocas instituciones que aún permanecen como baluarte de lucidez pese a encontrarse ahogada por la carencia de recursos y la presión del entorno, por ello tiene cierta lógica que sea en los estudiantes universitarios donde ha prendido por fin la mecha de la rebeldía y del inconformismo.

Hace poco más de un mes, mientras tomábamos un café en su despacho repleto de premios y reconocimientos tanto nacionales como internacionales, un célebre director teatral y profesor universitario, -que tras la marginación oficial ahora se encuentra relegado montando sus creaciones en un espacio casi underground- me confesaba que a su juicio Venezuela había caído en una miseria material y ética sin precedentes y que casi ya no veía futuro ni salida. Sin embargo, viendo como un sector relevante de la población ha decidido poner pie en pared y ha plantado cara al régimen para que, al menos, el desastre no siga consumándose a costa de su pasividad y como la juventud, con la vitalidad y la energía que le es propia, acomete sin miedo un día tras otro las marchas de protestas, es posible que en estos días haya recuperado un poco de esperanza.



Una inmersión en la realidad bolivariana I

El pasado 12 de febrero, en Caracas se ha dado un paso más en el descenso a los infiernos de ese país tan rico como hermoso. Las protestas de universitarios y ciudadanos reclamando mayor seguridad y un cambio en la dirección en la que el actual gobierno está llevando los designios del país terminaron, con la complicidad o participación de las propias fuerzas de seguridad, en tumultos sangrientos con, al menos tres muertos y más de 60 heridos. Gracias a las redes sociales pueden verse las grabaciones de cómo uno de los manifestantes era asesinado por la espalda por varios sujetos uniformados que, en otra de las grabaciones, resultan perfectamente reconocibles. Sin embargo, con hipócrita descaro las autoridades descalifican estas imágenes y promulgan una orden de detención contra el diputado de la oposición Leopoldo López como presunto autor intelectual de esas muertes sin indicio alguno. Mañana, día de 18 de febrero, López ha anunciado que se presentará ante el Ministerio del Interior para presentar una serie de reclamaciones, entre ellas que se deje de torturar y libere a los ciudadanos detenidos simplemente por manifestarse y protestar. También mañana está convocada en la plaza de Colón de Madrid a las 18.00 una concentración de apoyo.

 

En perfecta coherencia con esas medidas represivas, el gobierno venezolano ha ordenado la suspensión de las emisiones en Venezuela del único canal de televisión que todavía estaba informando sobre las manifestaciones, dificulta los accesos de los ciudadanos al centro de Caracas suspendiendo sin motivo real el servicio de transporte público en determinadas áreas de la ciudad, pone trabas al tráfico en internet y coarta la labor de los periodistas de los dos únicos periódicos que aún no son oficialistas –El Universal y el Nacional-; al mismo tiempo que sus medios de comunicación social bombardean de manera continua –incluso en los espacios de mero entretenimiento- con consignas y amenazas destinadas a amedrentar a la población para evitar que salga a la calle.

En uno de sus últimos comunicados, un presidente Maduro claramente superado por las circunstancias advertía con una represión aún más sangrienta si la ciudadanía seguía con sus protestas. Sin embargo, en un país acostumbrado a sufrir en un día más muertos por homicidios que los que se producen en Madrid en todo un año esta advertencia ya resulta estéril. Como afirmaba un estudiante en uno de esos vídeos que circulan por las redes sociales: “es preferible que te maten en una manifestación intentando salvar a la Patria, a que te maten el día menos pensado volviendo del trabajo”. Así están las cosas.

Conozco la realidad venezolana de primera mano. Además de numerosas contactos personales, entre diciembre de 2013 y enero de 2014 he pasado casi un mes en aquel país. No ha sido un viaje turístico al uso pero si he tenido ocasión de conocer los Estados Falcón, Carabobo, Miranda y, cómo no, la propia Caracas.

Aparentemente, o al menos su gobierno así lo publicita, Venezuela se encuentra inmersa en un proceso revolucionario que dura ya quince años. Sin embargo, aunque las circunstancias sociales de cómo se ha llegado a esta situación sean sumamente complejas, en el momento actual ese proceso se ha transformado en una mera detentación y disfrute del poder político y económico del país por un grupo relativamente reducido de personas -una especie de oligarquía política- que de manera premeditada busca, en su propio beneficio, fracturar la sociedad en dos bandos de forma ya casi irreversible, apoyándose para ello en un discurso populista y victimista basado en la explotación de emociones negativas, como el resquemor histórico contra la herencia española, el resentimiento social contra la pequeña burguesía –a la que se pretende equiparar con una oligarquía que hace tiempo que se ha llevado sus principales intereses a otros lugares del mundo más seguros- o incluso a un resentimiento étnico contra el hombre blanco, todo ello combinado con falaces invocaciones a la Patria y a una futura sociedad utópica e igualitaria.

Sin embargo, con el tiempo y ante la ausencia del indiscutible liderazgo del Comandante Chávez, los ya residuales aspectos ideológicos del régimen se han difuminado y Nicolás Maduro y Diosdado Cabello solo consiguieron retener el poder manipulando de manera obscena el proceso electoral de abril de 2013. Desde entonces los chavistas –ahora denominados oficialistas- han perdido su legitimidad ante una mayoría de la población y sus consignas ya solo encuentran acogida en una clientela sufragada con la asignación de los recursos públicos arbitrariamente distribuidos mientras que, hasta ahora, ha sido estoicamente soportada por una población harta de ver cada día como la realidad desmiente el discurso mientras es extorsionada con la amenaza constante del uso de la fuerza mediante milicias armadas y bandas de delincuentes que asolan el país y amedrentan a las clases medias con total impunidad: “el chavismo o el caos ”, es un alegato recurrente en los mensajes oficialistas.

Mientras tanto, la economía y la actividad productiva se desploman; la inseguridad y la insalubridad se disparan; los productos básicos escasean; la inflación explota hasta el 56% anual; la corrupción y los vaivenes gubernamentales han hecho desaparecer toda seguridad jurídica; provocando una diáspora de la intelectualidad y del talento hacia el extranjero.

martes, 4 de febrero de 2014

Mención del blog en el Directorio temático de Contencioso.es


En esta breve entrada quisiera reseñar y agradecer la mención que José Ramón Chaves García -"Sevach" para la aficción blogger- hace de "Reflexiones de un hombre corriente" en su directorio tematico de blogs jurídicos españoles, en la categoría "Desde la abogacía y la experiencia".

Contencioso.es no solo es uno de los pioneros entre los blogs jurídicos, sino que además, tanto por su rigor jurídico como por lo gratificanete que es su lectura, se ha constituido una referencia para los que nos hemos animado a escribir una bitacora de este tipo.

Persistiremos en seguir su estela y, después de este breve parentesis navideño y postnavideño, pronto publicaremos nuevas entradas sobre cuestiones de actualidad y jurídicas.