lunes, 24 de noviembre de 2014

Artículo en ¿Hay Derecho?: "España hacia la catarsis"

 Artículo publicado en el blog ¿Hay Derecho? el pasado día 4 de noviembre:

Cuando comencé a escribir este artículo, se titulaba “España: entre el regeneracionismo y la catarsis”. Será que escribo despacio, pero tres o cuatro escándalos de corrupción más tarde, he decidido alterar ese título por el presente. Tal vez sea un indicio de que los acontecimientos se precipitan.

No merece la pena entrar a relatar aquí los múltiples aspectos económicos, institucionales, organizativos de nuestra sociedad que están afectados por la crisis. Libros como ¿Hay Derecho? publicado por los editores de este blog, o los post de blogs como “Nada es Gratis”, o simplemente, el repaso diario de los titulares de los periódicos reflejan perfectamente a que nos referimos.

Las prácticas viciadas y la continuada impunidad ha terminado generando que, aunque aun existan muchas personas limpias de polvo y paja, todos los estamentos de la sociedad estén en mayor o menor medida contaminados: las administraciones, sobre todo las más pequeñas (entidades locales, administraciones “independientes”, universidades); los agentes sociales (partidos políticos, sindicatos, organizaciones empresariales, el asociacionismo clientelar); el sector empresarial, tanto el de altos vuelos con sus prácticas oligopólicas y sus negocios subvencionados, como la pequeña y mediana empresa que trampea todo lo que puede con Hacienda y la Seguridad Social, etc…

Los organismos de control tanto los públicos (internos, tribunales de justicia, tribunales de cuentas, organismos reguladores, etc), como privados (auditores de cuentas, comités de RSC, etc) están absolutamente superados por las circunstancias, minados e infiltrados por aquellos a quienes han de investigar y afectados con frecuencia por conflictos de intereses irresolubles. La autorregulación se ha demostrado inoperante, los códigos éticos y las propuestas de responsabilidad social de las empresas, en su mayor parte, son meros juegos de artificio y artimañas de marketing.

Dada la dimensión de los problemas que atenazan a España en estos momentos, lo único que mantiene una generalizada paz social es que las costuras del estado de bienestar -si bien tensas como tirantes- aguantan todavía. La legitimidad del sistema es puesta en entredicho y resulta cada vez más difícil encontrar argumentos para su defensa dialéctica eficaz.

A pesar de todo, todavía existen elementos esenciales para la vigencia de nuestro modelo de Estado que aguantan firmes y así, según podemos comprobar estos días, el respeto por la libertad de expresión permite que todos estemos puntualmente informados de las supuraciones del sistema y que el mensaje de posibles alternativas políticas llegue con claridad a la población;  la eficacia e independencia de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado facilita que esos actos delictivos que tanto nos escandalizan lleguen a los tribunales al margen del encuadramiento político de sus presuntos autores (lo que en otros países aparentemente democráticos sería impensable); y a pesar de la crisis y los recortes, el normal funcionamiento de la administración consigue que los servicios públicos sigan prestándose con normalidad. El enfermo está grave pero sus constantes vitales aún permanecen estables.

Pero no cabe engañarse, la torpeza –dicho sea por ser elegantes- con la que nuestros dirigentes -independientemente de su signo político- han gestionado España durante los últimos lustros, y la carencia de otras alternativas sólidas hace muy probable que en las próximas elecciones generales –o en las siguientes si una coalición consigue prorrogar el “statu quo” por una legislatura-, los electores puedan impulsar un cambio radical de nuestra sociedad hacia soluciones populistas que a duras penas pueden disimular su cariz comunista.

Ese panorama no puede sino atemorizar a quienes, como quien suscribe, apuesta por preservar lo esencial de nuestro sistema entendido como un “Estado social y democrático de Derecho que propugna como valores superiores del ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo jurídico” y en donde se desarrollen políticas de corte socialdemocrata en el entorno de una economía de libre mercado.

Para evitar que se produzca el vuelco es imprescindible corregir las perversiones que ahora afectan a nuestro sistema político, pero preservando lo mucho de bueno que el modelo mantiene. La solución pasa por iniciar un proceso de cambio que suponga una regeneración completa del sistema y que consiga volver a captar la adhesión de la gran mayoría de la sociedad española. Pero el cambio debe ser profundo y auténtico, las huecas declaraciones formales y los pomposos planes de actuación sin contenido real y que, al final, quedan en mera componenda resultan a estas alturas inaceptables.

A la vista del deterioro de la situación, esa regeneración debe comportar incluso una catarsis, entendida como una “expulsión espontánea o provocada de sustancias nocivas al organismo” (2ª acepción del diccionario de la RAE). Ello exige no solo entonar un “mea culpa”, sino tomando como ejemplo los gestos realizados por la Corona continuar con una renovación completa tanto de las personas como de los usos y de esas costumbres que tanto daño han hecho e incluso, si se considerara necesario y se consigue un suficiente consenso, abriendo paso a un nuevo proceso constituyente.

Para conseguir llevar a cabo con éxito este proceso de cambio parce imprescindible aunar voluntades y asentar sólidas alianzas para alcanzar un acuerdo a la largo plazo y vencer las inevitables y poderosas resistencias al cambio. El esfuerzo debe ser conjunto, pues por si solas las fuerzas políticas tradicionales carecen ya de suficiente energía y aceptación. Así, resulta evidente que todo el trabajo realizado hasta ahora por el Gobierno con sus iniciativas reformistas no es percibido por la población como una auténtica regeneración. Por otra parte, la ambigüedad y escasa profundidad de los posicionamientos del nuevo líder de la oposición socialista tampoco parecen calar en la sociedad y, finalmente, las esperanzas que muchos regeneracionistas pusieron en el proyecto político de UPyD han terminado por verse defraudadas tras sus divisiones e incongruencias internas, probablemente perjudicando también las expectativas del otro proyecto netamente regenerador: el Movimiento Ciudadano.

No parece, pues, que haya fuerzas políticas lo suficientemente poderosas para, en solitario, poder practicar con éxito un impulso regenerador en la sociedad afrontando reformas estructurales realmente determinantes y perceptibles, es preciso alcanzar consensos en aspectos básicos entre quienes todavía son representantes legítimos y electos de la sociedad.

Dada la existencia de una mayoría absoluta en las Cortes, el liderazgo natural para emprender un proyecto de esta envergadura es lógico que corresponda al partido del Gobierno, pero debe también admitirse la participación activa y protagónica del resto de las fuerzas políticas y de la sociedad civil a través de los agentes sociales ya reconocidos, pero también mediante procedimientos de participación ciudadana más abiertos disponibles gracias a las nuevas tecnologías, con el fin de poder contar con la participación activa de todos los que crean que la reforma del sistema nacido de la Constitución del 78  es más aconsejable que una refundación partiendo de cero.

El objetivo no puede limitarse tan solo a una urgente persecución de la corrupción conocida, ni a la adopción de medidas para evitar que sea tan fácil y compense tanto corromperse.

Resulta imprescindible ir más allá y responder a las demandas sociales de abordar una transformación institucional de la gestión pública, limitando el nepotismo y clientelismo que se ha ido instalando en los últimos tiempos; reforzando la independencia y la capacidad de las autoridades de control para impedir que sectores estratégicos sean ocupados por determinadas oligarquías y grupos de poder; apostando decididamente por la transparencia; dotando a la Justicia de los medios humanos, materiales y tecnológicos precisos para que pueda dar respuesta veloz y de calidad a las demandas de los ciudadanos, así como acabar con las trabas económicas que dificultan el acceso a la misma de las clases medias; adecuando el sistema electoral a la nueva situación político social del país; y cerrando definitivamente el modelo de organización territorial del Estado incluyendo una reforma profunda de la administración local. La lista de materias a reformar puede ser mucho más extensa, pero lo urgente ahora es volver a consolidar los cimientos del sistema y reformar nuestro modelos de Estado de manera que legalidad y legitimidad vuelvan a estar juntas de la mano.

En el fondo, de lo que estamos hablando es que el conjunto de personas, que ahora tienen asumida nuestra representación en virtud de los distintos mandatos democráticos vigentes, actúen con la responsabilidad, inteligencia, generosidad, lealtad institucional y altura de miras que la gravedad del momento exige. Que tengan el arrojo de dar un paso adelante aunque sea arriesgado y la gallardía de dar un paso atrás cuando se conviertan en un estorbo ¿Será pedir demasiado?

Ya no cabe fiar en errores ajenos, ni jugar con la carta del miedo, tampoco vale de nada echarse las culpas unos a otros. La supervivencia del modelo que ha traído la prosperidad y la paz a nuestro país durante más de treinta años (y que ahora tiene carcomida su estructura) depende solo de que en el tiempo restante hasta las próximas elecciones, se consiga acertar lo suficiente –más incluso en lo político que en lo económico y social- como para demostrar a una mayoría de la población que merece la pena seguir confiando. En otro caso, la hastiada sociedad española demandará un cambio sin precedentes sin pensar demasiado en las consecuencias. Ha pasado antes en Italia o en Venezuela.

Los acontecimientos recientes demuestran que tras la alternativa ofertada por el nuevo partido político “Podemos” hay talento suficiente como para liderar esa legión de 200.000 personas que ya se han inscrito como seguidores y que, con legítima hambre de poder, aspiran a “asaltar el cielo” y convertirse en una nueva élite dispuesta a dirigir el país durante la próxima generación. El cronómetro se ha puesto en marcha, queda poco más de un año.

Post scriptum: Durante los veinte días posteriores a la publicación inicial de este artículo, dos encuentas han posicionado a "Podemos" como primera fuerza políticas en unas posibles elecciones; la opción de una agrupación de centro surgida de la unión entre UPyD y Ciudadanos ha desaparecido por el desacuerdo entre esas formaciones; cada semana surgen nuevos escándalos que profundizan en el malestar general y la anunciada recuperación económica no terminar de favorecer a las capas medias y bajas de la sociedad.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Teatro: "El enano en la botella"

Ayer por primera vez en España, se presentó en la Sala Tú de Madrid la obra del dramaturgo hispano-cubano Abilio Estévez “El enano en la botella”, monólogo incluido en el libro“Ceremonias para actores desesperados” (Tusquets Editores, Barcelona 2004) y Premio “Rine Leal” al mejor texto presentado en el Festival de Teatro de Pequeño Formato de Maimi en el año 2001.

“El enano en la botella” es una obra compleja, al mismo tiempo introspectiva y universal, en la que el enano protagonista nos cuenta su historia, que si bien en un principio puede intuirse como una suerte de metáfora de la Cuba encerrada por el régimen castrista, sin embargo va mucho más allá y apuesta por reflejar esas redes tupidas en las que, en nuestra pequeñez, el ser humano queda a veces atrapado regodeándose en el sufrimiento y la soledad. Asistiendo a la obra uno puede imaginarse al intelectual ajeno al mundo ensimismado en sus conocimientos; al hijo atrapado en un trauma familiar del que se siente incapaz de escapar; al solitario fantasioso que se niega a de abrirse a los demás; o en fin, al amante platónico que sufre cobarde en silencio. Todos ellos pueden resultar simples enanos en sus botellas. Incluso, dado el particular momento político y social que vive ahora nuestro país, el texto podría admitir alguna lectura comprensiva de la actual situación.

“El enano”, como monólogo dramático con una duración aproximada en torno a la hora, representa un reto singular y difícil para cualquier actor, que Luis Jaspe resuelve satisfactoriamente con una interpretación que refleja el gran esfuerzo creativo realizado, dando a su personaje los múltiples registros que la obra plantea: hastío, angustia, tristeza, resignación, miedo y, sobretodo, un irónico sentido del humor a veces, con un punto cruel.

La complejidad del texto, lleno de referencias y guiños literarios, filosóficos y artísticos que encantarán a los “iniciados”, ha sido aligerada gracias a la adaptación de la obra y a la dirección de escena creada por la directora NidiaMoros. La escenografía, llena de pequeñas sorpresas que se van descubriendo poco a poco se convierte así en otros nuevos personajes con los que el actor puede interactuar consiguiendo un resultado muy interesante y ameno que queda reforzado por la música original compuesta especialmente para este montaje por Maye Azcuy.

Una obra que merece la pena conocerse. De momento en cartel en Madrid, todos los martes del presente mes de noviembre.